En ocasiones veo rinocerontes y son naranjas….

 

Aunque aquí hablamos de hacer cosas divertidas con los niños y de pasarlo bien, a veces, todos los que convivimos con los peques sabemos que es muy difícil no perder los nervios con ellos. Puede ser porque no se quieren levantar, o acostarse, o recoger los juguetes. Hay un momento en el que el día “se tuerce” y todos acabamos enfadados. Y nos gritamos. Y nos convertimos en alguien que no nos gusta. ¿a quién no le pasa? Y es que hay momentos en los que se nos olvida que los niños son niños y van a seguir siéndolo, les gritemos o no.

Aunque no me considero especialmente gritona, es una de las cosas que me gustaría cambiar, de hecho uno de mis propósitos es enfadarme menos y la verdad es que cuando me enfado, suelo enfadarme con los niños. Así que el otro día descubrí un proyecto que, debido al verano, había pasado totalmente desconocido para mí. Se trata del Rinoceronte Naranja. Utilizó este animal como imagen porque el naranja aporta energía y los rinocerontes son unos animales fuertes y, aparentemente, pacíficos que pueden ser muy agresivos si se les provoca.

El proyecto, que cuenta ya con un montón de padres y madres decididos a ponerlo en marcha surgió de una madre americana que  con cuatro hijos que se planteó como reto estar 365 días  sin gritarles. Se puso a ello en serio cuando se dio cuenta de que no gritaba delante de desconocidos por el que dirán y sí que gritaba a sus hijos que , al fin y al cabo eran el público que más le importaba y cuya opinión debería de valorar más.

Yo estoy de acuerdo con eso. Pero, sinceramente, creo que un año entero sin gritarles de buenas a primeras, me viene un poco grande así que voy a empezar con una semana.

Os cuento las reglas por si os ayuda: La primera es su lema: Gritar menos , amar más. Tiene 6 pasos:

1. Reconocer la necesidad de cambiar y planteártelo seriamente, como una prioridad en tu vida.

2. Fijar un objetivo claro -que no tiene por qué ser un año: puede ser una semana, todas las horas del baño durante 10 días, un mes, etcétera.

3. Hacerlo público a familiares y amigos, para que nos sintamos más obligados a cumplir.

4. Crear una red de apoyo, tanto entre familiares y conocidos como virtualmente, tiene hasta una página de Facebook!   La pareja o un amigo al que poder mandar un mensaje o llamar cuando estemos a punto de perder el control, una comunidad con el mismo objetivo para apoyarnos y compartir avances, e incluso los propios niños, que nos tienen que avisar cuando vean que estamos a punto de reventar. En  España hay también un grupo en Español para compartir experiencias.

5. Identificar las situaciones en las que solemos gritar, para evitar las que se pueden fácilmente (por ejemplo, dejar preparado el desayuno si sabemos que las prisas por la mañana nos ponen nerviosos), además de crearnos un estado de alerta mental que nos ayude a controlarnos más. Para ello, propone apuntar cuándo hemos gritado y los detalles de la situación.

6. Practicar poco a poco. La autora reconoce que los primeros días gritaba en mil sitios (armarios, cuartos de baño, dentro de jarrones, zapatos, etc) con tal de no hacerlo delante de sus hijos. Después pasó a aprender a apartarse y a no decirles palabras hirientes, sino a sustituirlas por simples ruidos, como rugidos tipo ahrggggggg, hasta que al cabo de unos días consiguió controlar el impulso de gritar. Aquí tiene otro lema: “No puedo controlar siempre las acciones de mis hijos, pero PUEDO controlar siempre mi reacción”.

Ella va ya por el segundo año sin gritar a sus hijos. En este enlace (en castellano) explica los beneficios que ha obtenido al dejar de hacerlo. Para motivarse, ella se puso una pulsera naranja que le ayudaba a recordar el objetivo. Además, si falláis tenéis que daros dos días de tregua y empezar de nuevo. Yo me he propuesto empezar hoy con una semana ¿alguien se apunta?

Muchos de los padres que lo han probado y han dejado de gritar cuentan cómo ha mejorado el ambiente en casa, cómo los niños son más cooperativos y han dejado de sentirse culpables por perder los nervios delante de los niños. Yo no soy de pasarme el día gritando pero oye, cualquier granito de arena que ayude a aumentar la felicidad me parece que merece la pena.

Espero que os sirva!

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